La televisión trivializa

Jueves, 8 Mayo   

La anterior distinción da pie para otro lugar común, aunque afecte en este caso a una minoría exquisita. Se trata del desprecio con que reciben a los medios, singularmente la televisión, una buena parte de los intelectuales, profesores, artistas, en definitiva, los afectos a la cultura. El carácter efímero de la televisión la equipara a frivolidad, trivialidad.

Esa actitud resulta ridícula por insincera, porque esos mismos hoplitas de la cultura necesitan de los medios de comunicación para sobrevivir y medrar. Habría que hablar de envidia o celos para explicar una conducta tan insincera. Pero sobre todo hay aquí una especie de “disonancia cognoscitiva”, al decir de los psicólogos.

Resulta curioso que esa actitud despreciativa por parte de la intelectualidad choque contra el embeleso que produce en el público el bosque de los medios. A nadie le gusta asistir al espectáculo de demasiadas contradicciones. La reacción es tan humanísima como buscar un culpable. Ahí es donde se introduce el más sandio de los lugares comunes: la manipulación de los medios.


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