El medio es el mensaje

Miércoles, 30 Abril   

Se repite ya a la estolidez de “el medio es el mensaje”. También se le puede dar la vuelta: “el mensaje es el medio”. La afirmación es igualmente sinsorga. Los medios son eso, instrumentos, con contenidos muy variados. Por eso se requiere el plural: los diarios, las revistas, los programas radiofónicos o televisivos. (Entre paréntesis, ahora es moda anglicana la preferencia por los adjetivos en -al. Así televisual, comunicacional, eclesial, policial, etc. La última moda es decir “televisión terrenal”, por oposición a la que se difunde a través de satélites.) Cada una de esas cabeceras o programas expide diferentes mensajes, aunque el término resulte altisonante en castellano. Pero en este caso ya estamos acostumbrados. Ni siquiera se trata de mensajes únicos, puesto que no terminan siéndolo más que al término de su recepción. Es ahí donde adquieren significados múltiples. Así pues, en todo caso los medios serán los mensajeros, lo cual tampoco es decir mucho.

Si se quiere advertir que “el medio es el mensaje” porque cada medio, por razones técnicas, moldea los contenidos a su aire, la observación sigue siendo una patochada. Es evidente que no es lo mismo un artículo de periódico que una intervención es una tertulia radiofónica. Pero para llegar a esa sutileza no hace falta haber estudiado en Salamanca. Lo fundamental es que, en uno y otro caso, el mensaje es distinto porque el público receptor lo asimila con expectativas diferentes. A su vez, todo el que haya pasado por la escuela primaria entiende que el artículo de periódico o el comentario de la tertulia son piezas menores. Por lo menos lo son así cuando las comparamos con un riguroso trabajo académico o con una pieza literaria mayor. Sólo que el público no toleraría que las columnas periodísticas o las tertulias radiofónicas fueran tesis doctorales.


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